Cesacionismo I

Por Fabio Carballo

Primera parte: Señales de confirmación

En este momento de la historia de la Iglesia, en medio del auge del pentecostalismo y del movimiento carismático en América Latina, un cristiano estudioso de la Palabra de Dios, de fuertes convicciones, debería tener una posición clara respecto al tema de los dones espirituales en general y de si ciertos dones están o no vigentes.

El tema de los dones espirituales sobrenaturales ha sido debatido por muchos, en diferentes épocas y espacios. En la coyuntura de la Reforma, en el siglo XVI, algunos anabaptistas alemanes campesinos creyeron en profetas y profecías. Vale la pena recordar al panadero Jan Mathys quien se consideró uno de los dos testigos del Apocalipsis, validó la poligamia, y participó en las revueltas de la ciudad de Münster; también se puede citar la pelea doctrinaria de Lutero con otro de los profetas de su tiempo: Thomas Müntzer, a quien Lutero llamaba un falso profeta y un archidiablo, “¡Oh, cuántos mártires pudieran florecer ahora a causa de los sanguinarios campesinos y de los profetas asesinos!” (Lutero, “Contra las hordas ladronas y asesinas de los campesinos”, 1525).

En el siglo XXI se suele dividir desde lo doctrinal a los cristianos entre cesacionistas (aquellos que creen que ciertos dones milagrosos no están vigentes en la edad actual) y continuistas (los que piensan que los dones milagrosos siguen vigentes tal cual como en la edad apostólica). Los cesacionistas consideran que ciertos dones del Espíritu Santo ya cumplieron su propósito en la historia de la iglesia y por lo tanto, cesaron. Los continuistas (o continuacionitas) creen que los dones milagrosos continúan cumpliendo una función primordial en la iglesia y por lo tanto permanecerán hasta la venida de Cristo o un tiempo futuro.

En el Diccionario Bíblico Ilustrado de Samuel Vila Ventura y Santiago Escuain se nota una posición favorable al cesacionismo, “En todo caso, es de señalar también que se aprecia en los mismos escritos apostólicos un descenso brusco de la actividad de los dones milagrosos hacia el final de la época apostólica y que en Hebreos 2:3-4 se recuerda a los creyentes hebreos que la palabra anunciada por el Señor fue confirmada… con señales y prodigios y repartimientos del Espíritu Santo” colocando esta actividad especial de confirmación sobrenatural en el pasado” (Samuel Vila y Santiago Escuain, Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado, 1985, p. 665.).

El cesacionismo tiene entre sus miembros a la mayoría de las iglesias bautistas en Colombia y Latino América, aunque algunas iglesias y pastores bautistas se han declarado continuistas o continuacionistas moderados. Por su parte el continuismo es creencia fundamental en las iglesias pentecostales, carismáticas y neo pentecostales. Vale la pena decir que al parecer algunos pastores pentecostales limitan tanto el “uso” de los dones milagrosos que se podría decir que son continuistas moderados.

Darren M. Pollok en The exegetical basis of Jonathan Edwards´ cessationism, recuerda la visión cesacionista de los dones que tenía este teólogo del Gran Despertar. “Aquello que fue diseñado por los dones extraordinarios del Espíritu fue introducir y establecer una revelación permanente de la voluntad de Dios por su palabra”. La Iglesia Bíblica Bautista de Copacabana en su declaración de fe se considera una iglesia de teología cesacionista y dispensacionalista, en la práctica, ajena al movimiento carismático-pentecostal.

El tema del cesacionismo se centra en dos pasajes importantes, Marcos 16:14-20 y 1 Corintios 13:8.

Sobre Marcos 16 y los dones de confirmación

El evangelio de Marcos termina con una reprensión del Señor a los once y un mandato a la predicación por todo el mundo, “Posteriormente se apareció a los once, estando sentados a la mesa; y les zahirió su incredulidad y la dureza de corazón, que no hubiesen creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios: hablarán nuevas lenguas: Alzarán serpientes; y si bebieren cosa mortífera, no les dañará: sobre los enfermos pondrán las manos, y sanarán. Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se asentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, obrando con ellos el Señor, y confirmando la palabra con las señales que se seguían. Amén”. 

En este pasaje se habla de un tipo de señales, aquí no se les dice dones específicamente, sino señales. Estas señales son: echar demonios, hablar en otro idioma, ser librados de venenos (serpientes-bebidas), poner las manos sobre los enfermos y sanarlos. En primer lugar, nótese el mandato de hacerlo en el nombre de Jesús. Estas señales serán hechas en el nombre de Jesús, o sea, baja la autoridad de Jesús, por mandato de Jesús (cp. Actos 4:7). Solo este argumento da para pensar que no cualquiera podría hacer estas señales, solo aquellas personas a las que Jesús mismo las encomendó. Algunos pentecostales, especialmente los seguidores de la doctrina del nombre, leen mal el versículo y pronuncian: “Estas señales seguirán a los creen en mi nombre”, pero el verso no dice así, se expresa: “Estas señales seguirán a los que creen. En mi nombre…”, o sea, “bajo mi autorización”.

Por otro lado, está el asunto de los creyentes, de los que creen, o, ¿quiénes son los que creen en este pasaje? Para los continuistas todavía están vigentes esas señales, pues serán “para los creyentes” o “para los que creen”, como lee literalmente el verso, “y estas señales seguirán a los que creyeren […]”. Pero si se acepta esta interpretación, las señales tendría que seguir a todos los creyentes, pues el evangelio se predica a toda criatura, y entonces, todo aquel que creyere mostraría esas señales, le seguirían esas señales. No obstante esa interpretación no pasa la prueba histórica ni la prueba escritural. Si todos los cristianos tienen estas señales, entonces todos los cristianos de todas las épocas las hubieran tenido, lo cual es un absurdo histórico. Es más, aún en el día de hoy, y con el auge del movimiento pentecostal, no todos los pentecostales creen tener tales señales. La misma Biblia dice en 1 Corintios 12:30: “¿Tienen todos dones de sanidades? ¿Hablan todos en lenguas? ¿Interpretan todos?”, la respuesta a estas preguntas retóricas es clara: NO.

Así, cuando el Señor dice estas señales seguirán a los que creyeren tendría que ser a un grupo de los que creen o a los que crean de aquellos de los apóstoles. Nótese que en el mismo pasaje los apóstoles fueron incrédulos y el Señor llegó a reprender la incredulidad de ellos, v. 14. De cualquier manera, serían unas señales para un grupo selecto de personas, pero no para todos los creyentes. Es más, se puede notar que este tipo de señales siguieron a los apóstoles, mirando el verso 20, “Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, obrando con ellos el Señor, y confirmando la palabra con las señales que se seguían. Amén”. Es decir, las señales siguieron a los apóstoles y tenían un propósito: confirmar la palabra.

Es importante destacar el juego de palabras: creer-señales-seguir. A los que creen, las señales les seguirán. Estas palabras están tanto en el verso 17 como en el 20. En el verso 17, “estas señales seguirán a los que creyeren”, en el verso 20, “confirmando la palabra con las señales que se seguían”. Así, a estas señales se les ha llamado las señales o los dones de confirmación. En este punto es importante recordar cuáles fueron esas señales: echar demonios, hablar en otro idioma, ser librados de venenos (serpientes-bebidas), poner las manos sobre los enfermos y sanarlos. Evidentemente estas señales fueron cumplidas por alguno de los once, por el apóstol Pablo, o por una persona llamada de Dios al lado de un apóstol, en la época apostólica de la iglesia, Actos 5:12, “Y por las manos de los apóstoles eran hechos muchos milagros y prodigios en el pueblo […]”, Actos 19:11, “Y hacía Dios milagros no cualesquiera por las manos de Pablo”.

Es imposible no preguntarse si estas señales no fueron solo señales apostólicas, realizadas por los apóstoles, para la época apostólica. Una nota aclaratoria sobre este punto está en 2 Corintios 12 en momentos en que se juzgaba si Pablo era verdaderamente un apóstol o no. En 2 Corintios 12:12 Pablo argumenta, “Verdaderamente las señales de mi apostolado han sido hechas en medio de vosotros, en toda paciencia, en señales, en prodigios y maravillas”. Si eran “las señales de su apostolado”, esto indica que había señales que eran de apóstoles. Eran señales exclusivas para la época apostólica. Nótese por ejemplo, que los apóstoles no oraban por los enfermos o los endemoniados, solo actuaban conforme al poder directo que tenían de parte de Dios, Actos 16:18, “Y esto hacía por muchos días, mas desagradando a Pablo, se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de JesuCristo, que salgas de ella. Y salió en la misma hora”. No puede ser que esta acción, sin oración, se diera por que al decir JesuCristo ocurriera un evento chamánico o mágico, como si la palabra “JesuCristo” tuviera un poder especial, igual hicieron los exorcistas judíos y no pasó nada (Actos 19:13-15). El “nombre” de Jesús, significa la autoridad, el poder, el don, que Jesús les dio a los apóstoles para realizar estas señales aún sin oración.

Las señales de Marcos 16:17-18: echar demonios, hablar en otro idioma, ser librados de venenos (serpientes-bebidas), poner las manos sobre los enfermos y sanarlos, pueden catalogarse también como dones o regalos especiales del Señor para un grupo especial en una época especial. Como dones están en 1 Corintios 12:9-10, “A otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, operaciones de milagros; y a otro profecía; y a otro discernimiento de espíritus; y a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de las lenguas”. En esos dos versículos, de una u otra forma, están contenidas las señales de Marcos 16:17-18. No todos en la iglesia tenían dichos dones. En Hebreos, el apóstol Pablo, recuerda nuevamente que estas señales fueron ejecutadas por aquellos que escucharon al Señor, Hebreos 2:3, “¿Cómo escaparemos nosotros, si tuviéremos en poco una salud tan grande? La cual habiendo primero comenzado a ser publicada por el Señor, ha sido confirmada hasta nosotros por los que le oyeron a él mismo. Testificando juntamente con ellos Dios con señales, y maravillas, y con diversos milagros y dones del Espíritu Santo, repartiéndolos según su voluntad”.

Las señales de Marcos 16:17-18 son las siguientes: hablar en otras lenguas, sanar enfermos, expulsar demonios, hacer milagros. A estas señales también se les llama dones en Hebreos 2:4. En 1 Corintios 12:8-10 hacen parte de la lista de dones del Espíritu. Las señales de Marcos 16, 1 Corintios 12 y Hebreos 2, no fueron dones recibidos por todos y cada uno de los cristianos que creyeron, la Palabra muestra que fueron dadas a un grupo exclusivo en una época especial, las señales de apóstol, 2 Corintios 12:12. En la actual época los cristianos y líderes cristianos, oran por los enfermos, por los endemoniados, y piden a Dios milagros, pero esto como obra de Dios, no como el don de sanidad o liberación. En el tiempo apostólico, aquellos que tenían el don, ni siquiera oraban antes del milagro. El propósito de estas señales era confirmar la Palabra según Marcos 16:20. En el día de hoy ese propósito está cumplido, la palabra de Dios está confirmada y a la revelación de Dios no se le puede añadir ni quitar nada según Revelación 22:18-20, “Porque yo protesto a cualquiera que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios pondrá sobre él las plagas escritas en este libro. Y si alguno disminuyere de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la ciudad, y de las cosas que están escritas en este libro. El que da testimonio de estas cosas, dice, ciertamente vengo en breve. Amén: sea así. Ven, Señor Jesús”. El cristiano actual, que está a la espera del Señor Jesús, debe apegarse a la Palabra de Vida, la Escritura, ya completa, cumplida y confirmada.