Entre el cuidado y el deseo

18 de mayo de 2018.

Fabio Carballo

“Bello decide” es algo así como el título que un autor anónimo puso a un mural ubicado en la autopista norte cerca del parque del municipio de Bello, Antioquia, Colombia. La obra presenta el contraste entre dos mundos bien diferentes: uno oscuro, fantasmagórico, con industrias que expelen gases contaminantes, donde la gente tendría que andar con tapabocas o con máscaras de gases; una imagen que trae a la mente escenas que los noticieros muestran de contaminadas ciudades chinas como Xingtai o Beijin. En contraste, al lado derecho del mural, el artista dibujó un mundo ideal, donde se puede apreciar el verde de las montañas y el azul del cielo; un paisaje con árboles y un río, un sistema idílico semejante a las ilustraciones de algunas revistas de los Testigos de Jehová.

En el lado ecológico del mural hay varios símbolos, entre ellos, el aguacate. En la actual coyuntura política colombiana el aguacate ha llegado a convertirse en un símbolo de campaña del líder de izquierda Gustavo Petro. El mural entonces busca generar conciencia ambiental, al tiempo que da un mensaje indirecto para votar por la opción de la “Colombia Humana”, lema del candidato presidencial. En una universidad en Nueva York, el antagonista de Petro y candidato del Centro Democrático, Iván Duque, expresó las dificultades que traería un cambio brusco en la economía colombiana como sería el de sustituir las exportaciones de petróleo por las de aguacates. En respuesta a esto, en Corozal, Sucre, Petro llevó la discusión a la plaza pública cuando expresó frente a un gran número de simpatizantes: “[Duque] Se burló diciendo ʻ¿y cómo van a sustituir el petróleo por los aguacates, acaso es que los aguacates son más importantes que el petróleo?ʼ Pues yo vengo a esta plaza de Corozal a demostrar que los aguacates son más importantes que el petróleo”.[1]

No obstante, a pesar de tener una visión desarrollista-empresarial de la economía, el candidato Duque habla de una agenda ambiental que conviva con las diferentes formas de producción. Ambos candidatos, los dos con más posibilidades de ganar la contienda presidencial en Colombia, reiteran su compromiso con el medio ambiente. Aunque el debate quede como anecdótico en la historia de las campañas presidenciales, deja ver un tema que poco a poco cobra mayor importancia: el cuidado del entorno.

Es de destacar entonces, desde lo que representa el mural del anónimo artista en Bello, la idea de un futuro prometedor, donde el hombre pueda convivir con su entorno, donde lo geográfico, lo ecológico, sea prioritario. Un futuro, lo que se espera, que no existe, pero al que se piensa llegar; o por lo menos, que existe en el sentido de cuidar porque alguna vez existió, de no permitir que se llegue al lado izquierdo del mural.

Algunos verbos como “queremos”, “podemos” en la encíclica Laudato Si´ del papa Francisco, dan cuenta de ese deseo por una relación armoniosa del hombre con la naturaleza,  “¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo? […]. Cuando nos interrogamos por el mundo que queremos dejar, entendemos sobre todo su orientación general, su sentido, sus valores. Si no está latiendo esta pregunta de fondo, no creo que nuestras preocupaciones ecológicas puedan lograr efectos importantes”[2]. Al parecer ese sentido que el papa quiere expresar tiene que ver no solo con el cuidado ecológico, sino con una orientación teológica hacía el cuidado en general.

Así, el deseo de esa armonía pasa por el cuidado: “Si la tierra nos es donada, ya no podemos pensar sólo desde un criterio utilitarista de eficiencia y productividad para el beneficio individual”.[3] Existe entonces en esta lógica la idea de un mundo donado que el hombre ha venido destruyendo, siéndole necesario entonces entrar en un proceso de reflexión, de autoevaluación, para retornar a lo que le fue dejado.

No obstante, aquí se encuentra la relación dialéctica entre el cuidado y la esperanza, o el cuidado y el deseo. La esperanza de un mundo mejor en armonía con la naturaleza y el cuidado por la misma naturaleza. En medio de estas dos preocupaciones la reflexión de que algo, o alguien, en algún momento, destruyó, o está destruyendo, lo que fue entregado en las mejores condiciones. Es quizá, la nostalgia del pasado de la que habla Mircea Eliade en Lo sagrado y lo profano y en el Mito del eterno retorno: “La profunda nostalgia del hombre religioso es la de habitar en un “mundo divino” la de tener una casa semejante a la “casa de los dioses”, tal como se ha configurado más tarde en los templos y santuarios”.[4]   Ese deseo de retorno, que parece inherente en el ser humano, es el que se refleja la imagen que acompaña este escrito. Basta con dar una rápida mirada a los nombres de los proyectos residenciales para la venta en el oriente cercano antioqueño y notar que tanto el cuidado del medio ambiente como ese deseo del paraíso, del que habló Eliade, van de la mano: Girasoles del Tambo, Río campestre, Agua fresca, Jardines del Carmen. El temor a la distopía es tan cercano como el deseo de la utopía.

En su libro El cuidado necesario[5] Leonardo Boff asume el deseo como inherente al ser humano, “Somos por naturaleza seres de deseo, y la naturaleza del deseo es no tener límites”[6]. Frente esa naturaleza avasalladora Boff propone la autocontención, ponerle límites al deseo. Es una invitación a que el individuo aprenda a controlarse, a que entiende que su deseo no tiene límites y que buscar satisfacer sus deseos le llevara irremediablemente a la frustración. Boff argumenta que el deseo es un motor que dinamiza y pone en marcha toda la vida psíquica, “hace dramática y a veces trágica la existencia, pero cuando se realiza da una felicidad sin igual […] no conoce descanso ni una paz perpetua”[7].  Para Boff el ser finito solo encuentra el objeto de su deseo infinito en el Ser Infinito y por eso, el ser humano psique debe cuidarse, pues fácilmente caería en la frustración de no encontrar su deseo.

Para Boff el problema está en que la cultura occidental promueve el progreso ilimitado. Cuando Boff habla de la cultura, tendrá que referirse a los actuales estados nacionales que están en juego en el sistema económico capitalista. Entonces se podría decir, que es la misma ideología capitalista, empresarial, desarrollista, la que promueve el deseo. Y para poder parar la destrucción del planeta se tendría que parar con el deseo o generar una cultura del cuidado, cultura que no cabe dentro del sistema que lo promueve.

Reflexiones similares se pueden encontrar en el texto del profesor Luis A. Castrillón-López  “Desarrollo, vulnerabilidad y ciudadanía del rostro”.[8] En su crítica a lo que llama “el desarrollo sostenible que el liberalismo económico mantiene en la mayoría de ideas de los gobiernos latinoamericanos”, Castrillón-López recalca que la manera tradicional como se ha visto el desarrollo en occidente no es amigable con el entorno ni con el ser, “El capitalismo como mano invisible que restaura a través del consumo, el intercambio comercial, el mercado, las disfunciones sociales. Se produce para acumular, y no para transferir, eliminando la co-construcción del entorno”.[9]

Una pregunta sería si un Estado que busque otro modelo de desarrollo, más ecológico, acorde con el medio ambiente, menos industrial, podría acabar con el deseo o por lo menos, como lo plantea el profesor Castrillón  no tipificar a personas en grupos vulnerables, haciéndolos más vulnerables.  Una respuesta afirmativa sería una utopía en sí misma. La utopía no se agota con la norma. ¿Acaso los cubanos que charlan nostálgicamente en el Malecón en la Habana sobre su familia en el exilio no desean llegar a Miami? ¿Acaso los venezolanos que lloran mientras cantan el himno de su país en Doral (Florida), no desean volver a Caracas?  Restringir el deseo parece tan frustrante como motivarlo. La idea del eterno retorno, del paraíso, sigue viva en cada persona, en cada cultura. Un paraíso que está tanto en el futuro como en el pasado.

Tanto en el cuidado como en el deseo aparece la idea del paraíso, algunas veces rescatando la utopía de una sociedad ideal y otras la de un individuo feliz. Históricamente ambos lados de la moneda se han visualizado juntos en la formación de comunidades religiosas “alejadas del mundo”: anabaptistas, menonitas, padres peregrinos, israelitas del nuevo pacto, adventistas, en fin, aquellos que anhelan una vida en la “Nueva Jerusalén”.  Ernst Bloch recuerda esto cuando escribió sobre el milenarismo en la guerra de los campesinos y los anabaptistas en 1524 y 1525. Bloch encuentra esa esperanza que no descansa, que no se conforma, en los sueños, las visiones, los anhelos del alma que se proyectan hacia un fin. Son tales visiones las que dan una idea de vida, de presente, pero también de pasado y futuro. Son deseos, pero deseos de un pasado que no se tiene, “Los campesinos exigían que se les devolviera aquello que antaño habían poseído en cuanto ocupantes originarios […]”[10], allende a este ese deseo se hablaba de un futuro reino milenario dirigido por Dios. Los reformadores concordaban en condenar al papa, pero polemizaban en su interpretación de Romanos 13 y la obediencia a los príncipes.

A finales del siglo XVIII y en el XIX el mundo religioso anglosajón vivió también su utopía, los predicadores creían en la inminente segunda venida de Jesús a la tierra para establecer su reino. En 1747 Jonathan Edwards, tal vez la figura más destacada del primer gran despertar religioso norteamericano, publicó An Humble Attempt to Promote Explicit Agreement and Visible Union of God’s People in Extraordinary Prayer for the Revival of Religion and the Advancement of Christ’s Kingdom on Earth. Las palabras reino, Cristo, profecía y tierra son reiterativas en tal ensayo. Edwards convocaba a las iglesias a la oración dado que había llegado el momento del reino de Dios en la tierra. Utilizaba textos de los profetas del Antiguo Testamento (véase por ejemplo, Isaías 9.2-4, 66:8; Ezequiel 34:22-24) para evidenciar esa nueva etapa de la iglesia cristiana. Edwards tipificaba el retorno de los judíos de la cautividad babilónica a Jerusalén con la salida de la iglesia de la Babilonia mística y la instauración del nuevo reino.[11] De nuevo se puede observar el ideal del retorno, del cuidado y del deseo.

El cuidado como aprecio a lo que se perdió y el deseo como anhelo de un futuro prometedor son dos caras de la misma moneda. Aparecen constantemente en las reflexiones sobre el hombre, en la historia de las religiones, en la teoría política. Estos dos afectos en sus contextos inmediatos forman pensamientos, cambian vidas, sientan las bases de ideologías políticas, hacen reflexionar al hombre o simplemente le generan remordimiento. ¿Por qué no lo hice si lo hubiera podido hacer? Pregunta que resigna el deseo. ¿Por qué lo hice si lo hubiera podido no hacer? Pregunta que resigna el cuidado. O en otras palabras ¿Por qué no me arriesgué? ¿Por qué no me cuidé?

Tal vez lo más llamados a este reflexión son los líderes que motivan a través de los sentidos a sus seguidores. Motivar excesivamente al cuidado en un área de la vida parecería llevar a una resignación frustrante en todas las demás, algo así como una teología de la resignación. Motivar excesivamente al deseo no deja más que la frustración de no alcanzar muchas veces lo anhelado, aquí se podría hablar de una teología de la prosperidad.

No obstante, cuidado y deseo también tienen su lado positivo. Viven en el ser como afectos que alivian, que anhelan. Los líderes espirituales que trabajan por sus comunidades deberían entonces tener la capacidad de comprender cuando estos afectos se vuelven emociones que descomponen a sus comunidades en plural y a sus seguidores en particular. El lado derecho del mural referido podría ser tan negativo como el izquierdo.

 

Bibliografía

Boff, Leonardo. El cuidado necesario. Traducción de María José Gavito Milano. Madrid, Editorial Trotta, 2012.

Bloch, Ernst. El principio esperanza. Traducción de Felipe González Vicén. Madrid, Editorial Trotta, 2006.

Bloch, Ernst. Thomas Müntzer, teólogo de la revolución. Traducción de Jorge Deike. Madrid, Machado libros, S. A., 2002, p. 62.

Castrillón López, Luis Alberto y Néstor Restrepo Bonnett (eds.). Hábitat, conflicto y desarrollo. Medellín, UPB y ESAP, 2017.

Carta encíclica Laudato Si del Santo Padre Francisco sobre el cuidado de la casa común.

Edwards, Jonathan. An Humble Attempt to Promote Explicit Agreement and Visible Union of God’s People in Extraordinary Prayer for the Revival of Religion and the Advancement of Christ’s Kingdom on Earth. Shepard Kollock, Elizabeth Town, 1794, p. 67.

Eliade, Mircea. Lo sagrado y lo profano. Traducción Luis Gil. Barcelona, Guadarrama, Punto Omega, 4ª Edición, 1981, p. 41.

Eliade, Mircea. El mito del eterno retorno. Traducción de Ricardo Anaya. Buenos Aires, Emecé Editores, 2001. [1ª ed. 1949].

KienyKe, 29 de marzo de 2018.

Smith, Adam. La riqueza de las naciones (libros I-II-III y selección de los Libros IV y V). Traductor Carlos Rodríguez Braun. Madrid, Alianza Editorial, 1996. [Primera edición 1776].

Referencias

[1] KienyKe, 29 de marzo de 2018. En la web: https://www.kienyke.com/radark/petroleo-y-aguacates-disputa-petro-y-duque. Consultado, 18 de mayo de 2018.

[2] Carta encíclica Laudato Si del santo padre Francisco sobre el cuidado de la casa común. En la web: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html. Consultado, 18 de mayo de 2018.

[3] Ibíd.

[4] Eliade, Mircea. Lo sagrado y lo profano. Traducción Luis Gil. Barcelona, Guadarrama, Punto Omega, 4ª Edición, 1981, p. 41.

[5] Boff, Leonardo. El cuidado necesario. Traducción de María José Gavito Milano. Madrid, Editorial Trotta, 2012.

[6] Ibíd., p. 54.

[7] Ibíd., p. 105.

[8] Castrillón López, Luis Alberto y Néstor Restrepo Bonnett (eds.). Hábitat, conflicto y desarrollo. Medellín, UPB y ESAP, 2017.

[9] Ibíd., p. 19.

[10] Bloch, Ernst. Thomas Müntzer, teólogo de la revolución. Traducción de Jorge Deike. Madrid, Machado libros, S. A., 2002, p. 62.

[11] Edwards, Jonathan. An Humble Attempt to Promote Explicit Agreement and Visible Union of God’s People in Extraordinary Prayer for the Revival of Religion and the Advancement of Christ’s Kingdom on Earth. Shepard Kollock, Elizabeth Town, 1794, p. 67.