Cesacionismo II

Por Fabio Carballo

Segunda parte: Dones de revelación

El cesacionismo bien se puede dividir en dos partes: el cese de las señales de confirmación y el cese de los dones de revelación. Al hablar de los dones de confirmación se está haciendo referencia a las señales de Marcos 16:17-20: Echar fuera demonios, hablar nuevas lenguas, soportar venenos, sanar enfermos. Son dones de confirmación por lo que expresa el versículo 20, “Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, obrando el Señor, y confirmando la palabra con las señales que se seguían”. El lector puede remitirse al primer artículo en esta página sobre el cese de estos dones.

Los dones de confirmación también están en la lista de 1 Corintios 12:8-10. Las señales allí mencionadas son: palabra de sabiduría, palabra de ciencia, fe, dones de sanidades, milagros, profecía, discernimiento de espíritus, lenguas, interpretación de lenguas. En una división sencilla de estos regalos es posible clasificarlos así: los de instrucción: ciencia y sabiduría; los de poderes sobrenaturales: fe, sanidades, milagros; los de palabras de revelación: profecía, discernimiento de espíritus, lenguas e interpretación de lenguas.

Para el día actual aquellos dones de confirmación, es decir, los que confirmaban la palabra de Dios, no están vigentes porque en el momento presente la palabra de Dios está confirmada en las Escrituras. Nuevamente se invita al lector a remitirse al primer artículo. Sin embargo queda la pregunta sobre los dones de revelación sobrenatural, es decir, lenguas, interpretación de lenguas, discernimiento de espíritus, ciencia, sabiduría y profecía.

Si se mira con detalle estas señales están conectadas entre sí en tres parejas: lenguas con interpretación de lenguas, sabiduría con conocimiento, profecía con discernimiento. Lo anterior se nota de manera especial en el orden en que están mencionados en 1 Corintios 12:8-10.  Es posible hablar de la sabiduría como la aplicación del conocimiento, un profeta tendrá discernimiento espiritual, y alguien que hable en lenguas debería de interpretarla o tener un intérprete.

1 Corintios 13:8, en el mismo contexto de los dones del Espíritu, expresa: “La caridad nunca se acaba: aunque las profecías se han de acabar, y cesar las lenguas, y desaparecer la ciencia”. Para cuando se escribió la primera carta a los Corintios su autor explicaba que estos dones se acabarían, cesarían o desaparecerían. Dos consideraciones, en primer lugar, si los dones de ciencia, profecía y lenguas terminarían en algún momento, de igual manera tendrían que cesar sus complementarios: discernimiento, interpretación y sabiduría. Nótese de nuevo que terminarían como dones, así el don de profecía, el don de ciencia y el don de lenguas. Estos tres dones tenían un propósito especial, dar la revelación de Dios a la iglesia (1 Corintios 14:23-31) y por eso se han llamado dones de revelación. Por otro lado queda la pregunta: ¿Cuándo terminarían, cesarían o se acabarían dichos dones?

Ahora bien ¿Cuál era el propósito de estos dones de revelación? El don de lenguas era un don que edificaba a la iglesia solo si se podían interpretar las lenguas (1 Corintios 14:5), si las lenguas no eran interpretadas únicamente la persona que hablaba dicho lenguaje se edificaba (1 Corintios 14:4). Era algún tipo de lengua o de idioma de los que se hablan en el mundo (1 Corintios 14:10). Cuando Pablo las muestra como una señal a los incrédulos (1 Corintios 14.22) indica que al incrédulo, aunque se le hable en otro idioma, no creerá (1 Corintios 14:21). Pablo enseña que si hablan todos en lenguas, y nadie interpreta, las personas sencillas van a decir que en la iglesia todos están locos (1 Corintios 14:22), por eso no parece ser un don que se deba desear con vehemencia (1 Corintios 12:31). Lo que se puede notar es que la interpretación de las lenguas era necesaria en la congregación (1 Corintios 14:27-28), sin intérprete no se debería hablar en lenguas en una iglesia. El hablar en lenguas e interpretar esas lenguas equivalía a una revelación de Dios para la iglesia (1 Corintios 14:26).

Al contrario, la profecía parece ser el don que más se debía codiciar por parte de los creyentes (1 Corintios 14:1), la profecía era para edificación, exhortación y consolación (1 Corintios 14:3). La profecía era una enseñanza en sí misma, 1 Corintios 14:31, “Porque podéis todos profetizar uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados”. El propósito principal del profeta es la edificación de la iglesia (1 Corintios 14:4). Pablo está en todo momento de 1 Corintios 14 dándole a la profecía el sentido de enseñanza. En 1 Corintios 14:26 Pablo comparó a la profecía con la doctrina. En 1 Corintios 14:19 advierte que es mejor hablar cinco palabras con el entendimiento que diez mil palabras en lenguas desconocidas, la comparación es superlativa 5 contra 10.000, es un número exagerado que no da lugar a equívocos.

Aunque la profecía era el don que más debían anhelar los creyentes, no obstante para la época en que se escribió el Nuevo Testamento, tenía ciertos peligros. El profeta debía controlar su espíritu (1 Corintios 14:32), nada comparable a los profetas actuales que se expresan diciendo que “no saben lo que pasa”. La profecía no es disensión o locura, es paz (1 Corintios 14:33). Lo anterior parece indicar que algunas personas que se llamaban profetas o con el don de profecía perdían el control de su mente. Es claro que el apóstol Pablo está tratando de poner unas normas a la actividad de la profecía en una iglesia local. Este sentido de la profecía, el de ser un don de enseñanza, ya se nota en Actos 15:32, “Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas, exhortaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabra”.      

Por su parte, el don de ciencia (paralelo al de sabiduría) debió ser algún conocimiento especial que Dios daba en la época del establecimiento de la Iglesia. Por ejemplo en 1 Corintios 2:6 Pablo habla de la sabiduría de Dios, ocultada, misteriosa. Esta sabiduría de la que habla Pablo fue confirmada por el mismo Dios, nótese 1 Corintios 4:16-21. Así, la sabiduría de Dios, el conocimiento de Dios, la palabra de ciencia, la palabra de sabiduría, fueron señales de revelación de la voluntad de Dios para el pueblo. Hay una relación directa entre esta sabiduría de Dios y el poder de Dios confirmando la palabra de los apóstoles, 1 Corintios 2:4-8. En 1 Corintios 4:9 es evidente que se refiere al ministerio apostólico de confirmación de la palabra, “Porque a lo que pienso, Dios nos ha puesto a nosotros, los apóstoles, por los postreros, como a sentenciados a muerte; porque somos hechos espectáculo al mundo, y a los ángeles, y a los hombres”. Mire la diferencia entre la palabra de aquellos que rechazaban a Pablo y la dada por Pablo y sus ayudantes, “Empero vendré presto a vosotros, si el Señor quisiere; y entenderé no las palabras de estos que así están hinchados, sino el poder”. Es decir, Pablo desafía el poder de los falsos maestros de Corinto, llenos de palabras persuasivas, pero sin confirmación de dichas palabras por el poder de Dios.

El apóstol Pablo recuerda entonces que las enseñanzas del apostolado eran confirmadas por las señales del apóstol como escribe después en 2 Corintios 12:12, “Verdaderamente las señales de mi apostolado han sido hechas en medio de vosotros, en toda paciencia, en señales, en prodigios, y en maravillas”. Lo anterior presenta la siguiente conclusión: las enseñanzas apostólicas, de los apóstoles, en la época apostólica, fueron confirmadas por Dios por medio de milagros, tal como se nota en el libro de los Actos y en Marcos 16:17-20. Esos milagros respaldaban y confirmaban que el mensaje era un mensaje de Dios. Así, las señales de confirmación (Marcos 16:16-20) están directamente relacionadas con los dones de revelación (1 Corintios 13:8).

En 1 Corintios 13:8 la Biblia enseña que dichos dones acabarían, “las profecías se han de acabar, y cesar las lenguas, y desaparecer la ciencia”. Dado que el pasaje está en el cuadro de los dones apostólicos, el versículo tiene relación con el don de profecía, la palabra de ciencia y el don de lenguas.

La pregunta sobre cuándo terminarían estos dones hace la diferencia entre cesacionistas y continuistas. En 1 Corintios 13:9-10 se expresa: “Porque en parte conocemos y en parte profetizamos. Mas después que venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte será abolido”. Se entiende entonces que los dones de revelación apenas daban una revelación parcial “en parte conocemos”. Todo cambiaría cuando llegara lo perfecto, estos dones parciales serían abolidos. En términos generales para los continuistas los dones de revelación serán abolidos cuando regrese JesuCristo (lo perfecto); algunos cesacionistas creen que con el cierre del canon bíblico ya fueron abolidos, es decir, “lo perfecto” es la palabra de Dios.  Una posición cesacionista moderada habla de una revelación continua de Dios en el Nuevo Testamento y que poco a poco estos dones fueron perdiendo su propósito hasta que desaparecieron por sí mismos. Algunos continuistas moderados creen que poco a poco la revelación de Dios ha mejorado y cada día son menos necesarias estas señales sobrenaturales de palabra de ciencia, profecía, y géneros de lenguas, a medida que avanza la historia del mundo hacia su cumplimiento escatológico estos dones van desapareciendo.

La Iglesia Bíblica Bautista de Copacabana cree en la doctrina de la suficiencia de las Escrituras, considera que el hombre de Dios no necesita ninguna nueva revelación, solo la palabra de Dios, para alcanzar su crecimiento y madurez espiritual, en 2 Timoteo 3:16 la Biblia dice: “Toda la Escritura es inspirada divinamente, y es útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instituir e justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, perfectamente instruido para toda buena obra”. La conclusión no es abstracta, es precisa: el don de profecía tenía el fin de enseñar a los oyentes, “que todos aprendan”, 1 Corintios 14:31, ese propósito lo cumple la palabra de Dios que es “útil para enseñar”, 2 Timoteo 3:16. El hombre de Dios no necesita llegar más allá de la perfección “para que el hombre de Dios sea perfecto”, no tiene la posibilidad de ser mejor instruido (enseñado) “perfectamente instruido”.  La enseñanza de la Palabra de Dios por parte del pastor-maestro cumple los propósitos del don de profecía: exhortar, edificar, consolar.

Cuando el apóstol Pablo escribe sobre anhelar los mejores dones, en primer lugar está el de profecía, 1 Corintios 14:1, pero éste en el sentido de enseñar, edificar, a la iglesia. Ese propósito se cumple hoy con la enseñanza doctrinal y consolatoria de las Escrituras.

La Iglesia Bíblica Bautista de Copacabana es cesacionista porque cree que la revelación de Dios está en las Escrituras, considera que la Biblia es suficiente para la edificación, consolación, exhortación, enseñanza, crecimiento espiritual, institución en justicia, instrucción en toda buena obra, y cualquier otro propósito que tenga relación con el crecimiento espiritual, congregacional e individual. La “Palabra de Dios es viva y eficaz y más penetrante que todo espada de dos filos; y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y los tuétanos; y que discierne los pensamientos, y las intenciones del corazón”, Hebreos 4:12.

Las señales de confirmación de Marcos 16:17-20 confirmaban la palabra de Dios, los dones de revelación de 1 Corintios 13:8 revelaban la Palabra de Dios. Hoy en día, el creyente tiene la palabra profética más firme, la Escritura, ya revelada, “Tenemos también la palabra profética más firme: a la cual hacéis bien en estar atentos como a una candela que alumbra en un lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones”.