Dispensacionalismo

Definición de dispensación                                          

La definición de dispensación que da J. Edwin Hartill en Manual de Interpretación Bíblica es la siguiente: “Una dispensación es un lapso de duración variable, durante el cual Dios trata con el hombre de una manera particular, tocante al pecado y a la responsabilidad humana. La palabra dispensación significa administración o mayordomía”.[1] Es una definición clara, sencilla, que está basada en la realidad bíblica.

El significado de las dispensaciones

En las Escrituras cristianas existen diferentes períodos de tiempo generalmente bien diferenciados, en los cuales el trato de Dios con los hombres, tal como lo dice Hartill, cambia de una forma u otra, especialmente en lo que tiene que ver con la responsabilidad que el hombre tiene frente a Dios. Estos cambios de administración (economías) han sido llamados dispensaciones, siguiendo la palabra griega oikonmia  de dónde viene la palabra castellana economía, lleva el sentido de administración, Efesios 1:10.

El expresidente del Seminario Teológico de Dallas Lewis Sperry Chafer, uno de los más destacados dispensacionalistas, definía las dispensaciones comparándolas con otras épocas:

“Una dispensación puede definirse como una etapa en la revelación progresiva de Dios y constituye una administración o regla de vida distinta. Aunque el concepto de una dispensación y de una época en la Biblia no es precisamente la misma, es obvio que cada período tiene su dispensación. Las épocas se mencionan a menudo en la Biblias (Ef. 2:7; 3:5, 9; Heb. 1:1-2). La Biblia también hace distinción de épocas (Jn. 1:17; Mt. 5:21-22; 1 Co. 3:11; Heb. 7:11-12)”.[2]

El énfasis que hace Chafer en las épocas debe entenderse desde el sentido de una economía dirigida en la un gobierno central fija las políticas para ciertos territorios en ciertos tiempos. Chafer añade: “Una dispensación se caracteriza más o menos por las nuevas responsabilidades que Dios le señala al hombre al principio de ella y por los juicios divinos con que la misma termina. Las siete dispensaciones son las siguientes: 1) Inocencia. 2) Consciencia. 3) Gobierno humano. 4) Promesa. 5) Ley. 6) Gracia. 7) Reino milenial”.[3]

El estudiante bíblico, que estudia la palabra desde una interpretación sencilla, no alegórica, entenderá la necesidad de una división dispensacional, o por épocas en la Biblia. En la división dispensacional también está la esperanza escatológica de la resurrección y de un futuro reinado de Cristo en la tierra.

Las siete dispensaciones

Dispensación de la inocencia

A esta se le llama el período edénico. En Génesis 1:28-30 y 2:16-18 se encuentran las instrucciones de Dios da al hombre. El hombre recibe de Dios la bendición en su relación con la mujer (Génesis 1:27-28; 2:20-24), el matrimonio como un principio de divino (Mateo 19:3-6), los frutos necesarios para su mantenimiento (Génesis 1:29), los deberes de fructificar y multiplicarse en la tierra (Génesis 1:28), el deber de sojuzgar y señorear sobre la creación de Dios (Génesis 1:28-29); el deber de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal (Génesis 2:17).

Esta dispensación termina con el pecado del hombre y empieza una nueva administración de Dios con la humanidad. Este nuevo período incluye el dolor en el parto de la mujer, la sujeción de la mujer al marido, la maldición sobre la tierra, el dolor físico, la muerte física.

Dispensación de la conciencia

Comienza en Génesis 3:7 donde los “ojos” de Adán y Eva fueron abiertos y descubrieron que estaban desnudos. Se puede decir que el hombre es consciente de lo bueno y de lo malo. Dios expulsa del Edén al hombre (Génesis 3:23-24) y es el hombre, por su consciencia, quien decidirá qué hacer.

Se nota el fracaso del hombre frente a las responsabilidades con Dios en algunos eventos importantes: Caín lleva un presente a Dios, pero no el mejor (Génesis 4:3-4); Caín se enoja (Génesis 4:5); Caín engaña y mata a su hermano (Génesis 4:8); Caín se excusa con Dios (Génesis 4:9); Lamec, un descendiente de Caín, promete venganzas (Génesis 4:23-24); Las hijas de Set se juntan con los hijos de Caín (Génesis 6:1-2); El hombre solo quiere el mal (Génesis 6:5); la tierra se llena de violencia (Génesis 6:12).

Esta dispensación, haciendo una suma, desde Génesis 5:1 hasta Génesis 7:6 dura aproximadamente 1656 años y termina con el diluvio.

Dispensación del gobierno humano

En esta dispensación Dios permite al hombre hacer justicia (Génesis 9:5-6). Dura aproximadamente 427 años, desde el diluvio hasta la torre de Babel. Empieza con el concierto de Dios con Noé, concierto que tiene características particulares: El hombre dominará los animales (Génesis 9:2); Al hombre se le permite comer carne (Génesis 9:3); No se puede comer sangre (Génesis 9:4); Se permite la pena de muerte (Génesis 9:5-6); La tierra no volverá a perecer por agua (Génesis 9:11).

No obstante los descendientes de Noé no cumplen con la orden de Dios de henchir la tierra y por el contrario desean hacerse una torre, símbolo de la idolatría, que llegue hasta el cielo y conseguir fama, Génesis 11:1-4. Dios mismo dispersa a la humanidad, Génesis 11:7-9, y se demuestra el fracaso del hombre al asumir un gobierno humano.

Dispensación de la promesa

Al llamado dque Dios hizo a Abraham, y todo lo este implica, se le puede llamar una nueva administración, una dispensación. Aunque el llamado es para un pueblo, esto trae implicaciones en el resto de la humanidad. En Abraham serían benditas todas las familias de la tierra.

El tiempo que trasncurre desde este llamado hasta la ley son 430 años (Gálatas 3:16-17), desde Génesis 11:11-10 hasta Éxodo 19:2. Abraham tenía que confiar en la promesa de Dios, Génesis 26:2-3 y obedcer a la instrucción del Creador, Génesis 26:3. Abraham cree en fe e incluso es capaz de ofrecer a su propio hijo en sacrificio (Génesis 22).

El fracaso del pueblo en esta dispensación resultó en la pérdida temporal de la tierra prometida y en la esclivitud en Egipto. Este fracaso lleva a la promulgación de la ley de Moisés con el mismo pueblo de la promesa.

Dispensación de la ley

El tiempo que los israelitas estuvieron en Egipto fue algo así como 430 años. Desde la reafirmación de la promesa a Jacob (Génesis 46:2-4) hasta la promulgación de la ley (Gálatas 3:17). Según la cronología en Génesis, desde la salida de Abraham de Ur hasta la ley fueron 645 años.

En el capítulo 3 de Éxodo Jehová llama directamente a Moisés y comienza a instruirle respecto a lo que debe enseñar al pueblo. La ley comienza en Éxodo 19:3-20 y abarca todo el tiempo restante del Antiguo Testamento, los años de silencio entre Malaquías y Mateo. Para algunos la ley termina con el nacimiento de Jesús, para otros con la muerte de Jesús en la cruz, y para otros con la llegada del Espíritu Santo en Pentecostés con el comienzo de la Gracia.

Jesús trae la Gracia (Juan 1:17), introduce la Gracia, pero él se movió en la Ley (Mateo 3:15; 5:17). Las enseñanzas de Jesús en la tierra son aplicables en el día de hoy, pues son introductorias a la Gracia. En la crus se hace público el hecho de la salvación por gracia (Colosenses 2:13-14; Romanos 10:3-4). En Pentecostés se cumple la promesa de la llegada del Prometido del Padre, el Espíritu Santo (Actos 2:39).

Con la ley se reveló un detallado sistema de ordenanzas que mostraban el camino hacia Dios. Pero el fracaso del hombre se reveló en su incapacidad de cumplir la ley santa de Dios. Como la ley no podía justificar (Romanos 3:20; Gálatas 2:16), ni santificar (Hebreos 7:18-19; Romanos 6:20), es propósito de esta fue manifestar la pecaminosidad del hombre (Gélatas 3:19, Romanos 6:20) y la necesidad del arrepentimiento y  la fe para la salvación, la ley hizo evidente la necesidad de un salvador (Romanos 7:7-25).

Dispensación de la Gracia

Al período comprendido entre el nacimiento de Jesús y el descenso del Espíritu Santo a la tierra se la podría llamar TRANSICIÓN DE LA LEY A LA GRACIA. En ese tiempo el Señor JesuCristo estaba introduciendo la gracia en el final de la época de la ley. Gracia es un favor inmerecido, lo que indica que es un tiempo de salvación sin merecimiento, un regalo de Dios (Romanos 6:23). Es el tiempo de predicar abiertamente la salvación por gracia por medio de la fe, (Romanos 3:22-28; Efesios 2:8). La época de la Gracia terminanará con el arrebatameinto de los santos (1 Tesalonicenes 4:15-18). Será después de un período de tribulación que Dios venga a reinar con sus santos y a establecer su reino en la tierra (Actos 1:6-7).

En la Gracia se cumple la promesa del Espíritu Santo, se cumplen la profecía de la ley en los corazones (Jeremías 31:31-33). Hay un nuevo concierto entre Dios y los hombres, firmado con sangre por el Hombre-Cristo Jesús (Mateo 26:28-29).

Dispensación del Reino

La dispensación del reino se puede dividir en tres partes, todas incluidas en lo que el Antiguo Testamento llama «El día de Jehová»: La tribulación, el milenio, cielos nuevos y tierra nueva. Al reinado político de Cristo en la tierra se le llama el milenio (Revelación 20:4)  por ser un período de tiempo de mil años. Este milenio comenzará con la segunda venida de Cristo con sus santos y sus ángeles (Mateo 24:30-33; Revelación 19:11-21). Esta segunda venida será vista por todos (Revelación 1:7) y es diferente al arrebatamiento.

En el Milenio la ley de Dios saldrá desde Jerusalén (Isaías 2:1-5); será confirmado el trono de David (Oseas 3:5); Existirá un nuevo trato del hombre con los animales (Isaías 11:1-9); Satanás será atado por esos mil años (Revelación 20:1-3, 7).

El período milenario, sin embargo, terminará con la rebelión de muchos contra Dios. Al final de los mil años Satanás será suelto y engañará a muchos (Revelación 20:7-8) y estos tratarán de destruir al pueblo de Dios (Revelación 20:9), pero Dios mandará fuego del cielo. Esto parece referirse a la renovación de la tierra actual que será por fuego (2 Pedro 3:7-12). De aquí seguirá el jucio contra los impíos llamado en la Biblia El Gran Trono Blanco donde se efectuará el lanzamiento de Satanás y sus seguidores al lago de fuego (Revelación 20:9-15). Aparecerá en el cielo la Nueva Jerusalén (Revelación 21:4).

Referencias

[1] J. Edwin Hartill. Manual de interpretación bíblica. Puebla, México, Ediciones las Américas, 2003, p. 17.

[2] Lewis Sperry Chafer. Grandes temas bíblicos. Traducción de Emilio A. Núñez y Nancy Fernández. Grand Rapids, Michigan, Editorial Portavoz, 1976, p. 144. [Primera edición 1926].

[3] Ibíd., p. 146.